lunes, 6 de junio de 2016

«La crisis de los refugiados» -Noam Chomsky – ALAI, América Latina en Movimiento




En algunos países existe una verdadera crisis de refugiados. En Líbano, por ejemplo, donde al menos un cuarto de la población consiste en refugiados de Siria,​han recibido ​​esta ola de gente desesperada después de otra que les había llegado desde Palestina y desde ​Irak. Otros países de la región, pobres y golpeados por los conflictos, también han debido dar refugio a inmensas cantidades de personas. Entre ellos Jordania y la misma Siria, antes de que se hundiese en un suicidio colectivo.

Sin embargo, los países que han sobrevivido a la crisis de los refugiados no son aquellos que han tenido alguna responsabilidad en la creación de la crisis. El actual fenómeno de los refugiados es, en gran medida, consecuencia de las acciones de los países ricos y poderosos, esos mismos que ahora llorisquean por el terrible peso que les producen unas pocas víctimas de la miseria, a los que fácilmente podrían echar una mano abriéndole las puertas.

La conocida invasión de Irak por parte de Estados Unidos y Gran Bretaña produjo el desplazamiento de cuatro millones de seres humanos, de los cuales la mitad huyó a los países vecinos. Los iraquíes continúan huyendo de su propio país, un país que ahora es uno de los más miserables sobre la Tierra después de una década de sanciones criminales seguidas de la masacre de los ricos y poderosos que devastaron y arruinaron el país y, por si fuese poco, iniciaron un conflicto sectario que ahora está destrozando el país y la región en mil pedazos.

No hay necesidad de volver a revisar el conocido rol que jugó Europa en África, que es de donde provienen las otras olas de refugiados, los que ahora deben pasar por el embudo creado por los bombardeos de Francia, Gran Bretaña y Estaos Unidos sobre Libia, acciones que no solo destruyeron el país sino que además lo dejó en las manos de milicias que ahora se combaten unas a otras.

Tampoco es necesario volver a recordar el historial de Estados Unidos en América Central, el que produjo terroríficas cámaras de exterminación de las cuales la gente ha intentado escapar desesperada, uniéndose ahora también a las victimas mexicanas del Tratado de Libre Comercio que virtualmente destruyó la agricultura en ese país, haciéndola inviable en una abierta competencia con la producción de los conglomerados agrícolas estadounidenses, fuertemente subsidiados por el gobierno federal.

La reacción de uno de los ricos y poderosos, Estados Unidos, es presionar a México para mantener alejadas de su frontera a sus propias víctimas, enviándolas de regreso sin misericordia, en aquellos casos en que la víctimas logran evadir los controles. La reacción del otro rico y poderoso, la Unión Europea, consiste en chantajear y presionar a Turquía para que mantenga a los sobrevivientes lejos de su fronteras y arree como ganado aquellos que logren escapar del horror hacia campamentos donde son tratados con brutalidad.

Entre los ciudadanos hay honrosas excepciones. Sin embargo, la reacción de los gobiernos es una desgracia inmoral, aun dejando de lado sus responsabilidades en la creación de las circunstancias que han llevado a toda esa gente a huir de sus tierras para salvar sus vidas.

Toda esta vergüenza no es algo nuevo. Basta con considerar solo el caso de Estados Unidos, el país más poderoso y privilegiado de la tierra, rodeado de ventajas incomparables. A lo largo de su historia les dio la bienvenida a los refugiados europeos para que se asentaran en sus tierras, aquellas tierras que antes habían sido tomadas con brutalidad, eliminando a las naciones nativas que antes las ocupaban. Todo eso cambió con la ley de inmigración de 1924, diseñada para excluir a judíos e italianos. No es necesario entrar en detalles. Aún después de la guerra, se les negó la entrada a aquellos sobrevivientes que todavía permanecían en campos de concentración. Ahora los gitanos están siendo expulsados de Francia hacia condiciones desesperantes en la Europa del Este, es decir, están expulsando a los descendientes de las víctimas del holocausto, si es que a alguien le importa.

La vergüenza persiste y no tiene límites. Sin duda, el tiempo para ponerle un punto final a todo eso ha llegado, sin el cual no podremos nunca alcanzar un mínimo de decencia y de civilización.

 

 Noam Chomsky es profesor emérito de lingüística y filosofía en el Instituto Tecnológico de Massachusetts en Cambridge.

Traducción de Jorge Majfud

 

Extraído de aquí.

lunes, 2 de mayo de 2016

El porvenir de una promesa: el trazado de un cambio incierto

 
 
 
Las negociaciones interrumpidas entre diferentes fuerzas partidarias con el propósito de relevar al partido gobernante en España ha sido, desde el deplorable pacto Ciudadanos-PSOE, una iniciativa destinada al fracaso, cuando no una pantomima orientada a reducir los costos electorales propios. Independientemente a las estrategias negociadoras a varias bandas, la soldadura que planteó ese pacto presagiaba un mal resultado, fuera un acuerdo in extremis -basado en concesiones difíciles de aceptar para el electorado de centroizquierda-, fuera una ruptura de la política de coalición que el PSOE procuró sostener a base de desdecirse de algunas de sus propuestas fundamentales de gobierno (comenzando por la derogación de la reforma laboral), tomando distancia de programas políticos que, en primera instancia, resultan ideológicamente más próximos.
 
 
La consulta reciente de Podemos a sus bases despeja la disyuntiva. De manera rotunda, la mayoría consultada ha manifestado su rechazo a una política de pactos más orientada a tranquilizar al establishment que a formar el mentado “gobierno del cambio”. El pacto Ciudadanos-PSOE constituye un gesto inequívoco de la apuesta política de Sánchez: erradicar cualquier sospecha de que el partido socialista obrero español tiene algo que ver con el socialismo en su acepción más básica, ligada a la redistribución de la riqueza y a la reducción de las desigualdades de clase.
 
 
La repetición de elecciones nacionales es previsible y, sin embargo, los resultados más probables no parecen alterar la fragmentación parlamentaria que, en las condiciones actuales, bloquea la formación de gobierno. La aporía persiste como tal y es seguro que los partidos tendrán que afrontar una nueva fase de negociaciones, con el incierto objetivo de relanzar una coalición política que no han conseguido hasta el momento.
 
 
Ante incertidumbres estructurales semejantes, fuerzas como Podemos necesitan reafirmar lo que las diferencia de los partidos políticos tradicionales, comenzando por su relación con movimientos sociales como el 15-M. Sin esa afirmación diferencial de su andadura, Podemos se enfrenta a un conglomerado mediático que insistirá en identificarlo como una fuerza partidaria más, repitiendo las mismas lógicas de poder que decía repudiar y sumida en sus propias dinámicas de crisis internas.
 
 
La descalificación mediática y partidaria de Podemos como una forma de “populismo” caudillista sólo puede ser neutralizada mediante la remisión de sus líderes al proyecto que encarnan y del proyecto encarnado a un más allá del sistema político actual: no tanto a la «ciudadanía» en su dispersión ideológica como a lo popular en tanto referencia a “los de abajo” y, en particular, a los «movimientos sociales» en el ejercicio de su disidencia y en la práctica de sus reivindicaciones concretas. Sin esa referencia, las luchas contra las desigualdades y la corrupción, la reforma de la ley electoral, el desarrollo de políticas sociales sustentables, la reforma del sistema tributario y la persecución de los grandes evasores fiscales y la economía sumergida, entre otras medidas legítimas, pierden efectividad política.
 
 
En este sentido, insistir que se puede, como estrategia discursiva, desafía el derrotismo que por décadas mantuvo a raya a la izquierda clásica, cuestiona la lógica de lo inexorable con la que el neoconservadurismo replica a la voluntad política de cambiar el mundo social, muestra la contingencia de las actuales políticas de gobierno y, en suma, erosiona el carácter presuntamente ineludible del proyecto europeo de ajuste que coexiste con la corrupción generalizada de las elites políticas y económicas, las dádivas a las grandes fortunas y la evasión fiscal como parte estructurante de la ingeniería empresarial. Lo sabemos: la “clínica privada” de las corporaciones consiste en ensanchar las vías de su enriquecimiento (ilícito) y, en consecuencia, en acorralar a las clases trabajadoras en sus condiciones de vida (favoreciendo su disciplinamiento mediante las políticas del miedo).
 
 
Ante unas elites económico-financieras y políticas fuera de control (estructuradas de forma regular como asociaciones delictivas dispuestas a reducir lo gubernamental a una pantalla que justifique su saqueo monumental) los eslóganes deben dar paso a un ejercicio de anticipación política, incluyendo el movimiento probable de los enemigos del cambio democrático, más pertrechados en la fuerza de sus posiciones que en la razonabilidad de sus argumentos. Sin ese ejercicio político que permita replicar en términos técnicos a específicos bloques de poder, la posibilidad de ser doblegados se incrementa de forma notoria (tal como ha ocurrido con Syriza), confirmando la profecía del relato neoconservador; a saber, que no hay cambio posible (como no sea aquel que necesita el propio sistema político y económico).
 
 
En suma: una estrategia política no se agota en lo que permite poner en cuestión. Remite asimismo a un camino posible de transitar, esto es, a un horizonte histórico de posibilidad que no sólo no está garantizado sino que peligra seriamente con la deriva totalitaria de la Comisión Europea y la restauración autoritaria del bloque hegemónico, apoyada de manera escandalosa por un complejo mediático cada vez más concentrado.
 
 
Para decirlo de otro modo: se puede siempre y cuando las condiciones de posibilidad del cambio estén mínimamente trazadas. Semejante trazado, sin embargo, dista de ser una realidad estable: necesita ser construido en términos políticos. De ahí la importancia de interrogar lo que ha ensanchado el campo histórico de oportunidades en los últimos años. Cualquier respuesta que eluda la cuestión de los movimientos sociales y, en particular, del movimiento 15-M (que, por razones estratégicas, cabe reformular en términos de movimiento de indignados), cae en un vacío histórico. Fuerzas políticas emergentes como Podemos son impensables sin esa revuelta que irrumpió, con fuerza de acontecimiento, en 2011.
 
 
Sólo la recuperación de esa insatisfacción política, más o menos radical, puede permitir la consolidación de una izquierda partidaria como fuerza gubernamental. Si, por una parte, los límites de esas prácticas asamblearias quedaron más o menos a la vista, por su autoexclusión del campo de las instituciones públicas (y las políticas represivas que en esas mismas instituciones se impulsaron), por otra parte, la participación de esta fuerza emergente en las luchas institucionales podría estar incurriendo en un error inverso: eclipsar la centralidad de esas prácticas extraparlamentarias como condición necesaria para la consecución de los objetivos de cambio. Cualquier concepción tacticista de Podemos como máquina de guerra electoral no debería perder de vista, en una dimensión estratégica, su génesis ligada a este transfondo asambleario, horizontal y no jerárquico. Su olvido o su instrumentalización no puede más que hacer naufragar un proyecto transformador de por sí incierto en su devenir. Dicho de otro modo: Podemos sólo podrá si en sus reivindicaciones políticas no cesa de hacer presente, convocándolo, al «pueblo» que es el fundamento mediante el cual se legitima. Incluso una política de pactos con Izquierda Unida adquiere sentido en esa referencia común a una colectividad que rebasa el propio posicionamiento en el arco político.
 
 
No se trata, sin embargo, de una convocatoria puramente retórica sino de movilizar ese sujeto popular que da sentido a las luchas de la izquierda parlamentaria. Sin el respaldo y participación de ese sujeto, una vez más, esa izquierda vuelve a la tautología de las vanguardias políticas, en las que sujeto representante y representado son idénticos. Pero una relación de representación en la que los términos son exactamente los mismos no representa nada. Da cuenta de un proyecto político que, por más coherencia y legitimidad que se le reconozca, no moviliza más que a los que han suscripto de antemano el ideario que lo sostiene. La consecuencia de ello es clara: la renuncia a construir un proyecto (contra)hegemónico que permita transformar efectivamente la sociedad. La referencia a la lucha por la hegemonía recuerda, así, algunas proposiciones fundamentales en el campo político:
  1. lo que está en juego es la construcción de una voluntad colectiva orientada al cambio social en el contexto específico de unas relaciones de poder desiguales;
  2. la construcción de esa voluntad supone la inclusión de reivindicaciones y demandas diferenciales dentro de una política de representación democrática;
  3. una política representativa sin la interlocución y participación efectiva de movimientos sociales disidentes se institucionaliza, perdiendo fuerza subversiva;
  4. una política sin fuerza subversiva se hace impotente y, en consecuencia, incapaz de liderar el cambio social;
  5. una política que no puede liderar el cambio social no sólo no es contrahegemónica sino que termina confundiéndose con los poderes establecidos;
  6. los poderes establecidos, por definición, bloquean toda dinámica de cambio ligada a la democratización radical de la sociedad.
Como polaridades, la representación partidaria sin la participación de movimientos sociales disidentes no tiene fuerza para tomar las decisiones requeridas en todo proceso de transformación social; inversamente, la participación de movimientos sociales sin representación partidaria específica corre el riesgo de dilapidar la fuerza que, por lo demás, requiere la toma de decisiones en un marco institucional determinado.
 
 
De lo anterior pueden extraerse implicaciones importantes para toda práctica política, comenzando por el cuestionamiento de un modelo de democracia puramente representativo o delegativo. A la inversa, no niega la legitimidad de una política representativa de izquierdas, en la medida en que es capaz de articularse a movimientos sociales disidentes y, en general, a las clases populares.
 
 
Puesto que estamos atrapados en la telaraña de las instituciones políticas, posicionarse en una pura exterioridad no nos libera de sus decisiones (más o menos perniciosas). La desconfianza razonable ante el estado no impide que ese estado irrumpa, a menudo de forma brutal, con políticas que nos afectan directa e indirectamente. La resistencia ante sus políticas (una suerte de «contragobierno» basado en la participación y movilización social) es así tan necesaria como insuficiente. Puesto que siempre ya somos objetos de las políticas públicas, no hay razones para no disputar los espacios de poder en los que esas políticas se gestionan, aun si asumimos que las estructuras institucionales de forma regular obstruyen el cambio o lo limitan al punto de invertir su signo.
 
 
La exclusión del sistema político como campo estratégico de lucha favorece la reproducción sistémica. Es el “juego del sistema”: promover una despolitización radical de la sociedad civil, de manera de facilitar el recambio de elites. Una mayor implicación colectiva, por contra, dificulta semejante juego, creando la condición de posibilidad para una política de cambio que no se agote en una declaración de principios bien intencionada. Al fin de cuentas: ¿cómo exigir cuestiones tan dispares como la derogación de la reforma laboral o la ley de seguridad ciudadana, el cambio de rumbo de las políticas de asilo españolas, la reforma institucional o la modificación del sistema tributario sin el respaldo de “la calle”? ¿Y de dónde podrían provenir esas exigencias sino de movimientos sociales y plataformas democráticas que en su disidencia recuerdan otro mundo posible?
 
 
Contra cualquier forma de instrumentalización de esos sujetos colectivos e incluso contra la voluntad de gobernar a cualquier costo (haciendo concesiones inaceptables a fuerzas partidarias retrógradas), Podemos necesita apelar a ese «pueblo» no sólo como forma de legitimación o como respaldo de sus demandas y líneas programáticas sino también como fuente incesante de debate y elaboración de nuevas propuestas que contribuyan a hacer posible el cambio anunciado. Sin esa premisa, la máquina de guerra electoral está condenada a estallar contra el muro instituido, sufriendo –como viene ocurriendo- una descalificación institucional tan patética como efectiva.
 
 
Recuperar la calle, reconquistar el espacio público, movilizar una ciudadanía disidente, dar visibilidad a ese «sujeto popular» que la izquierda requiere como condición misma de su existencia, no es algo opcional que podría postergarse de manera indefinida: es un requisito indispensable para que el proyecto de Podemos no quede en una política de representación fallida. Porque –habrá que repetirlo- lo decisivo no es que esas fuerzas accedan a las instituciones, sino que dentro de ellas puedan encarnar de forma firme las promesas de cambio que han asumido.

 
 

Arturo Borra

jueves, 21 de abril de 2016

«Unión Europea. Un naufragio moral» - Guadi Calvo

 
 

 
Lo único que parece mantenerse a flote en el Mediterráneo es la hipocresía de la Unión Europea. Como si se hubiera intentado conmemorar, módicamente, el naufragio del 19 de abril de 2015, que costó la vida a entre 750 y 900 personas, cuando en el barco con que intentaban llegar a Italia desde Libia se hundió en el Canal de Sicilia, se informa que el nuevo naufragio esta vez tampoco sacudirá las conciencias europeas.

Se supo en las últimas horas que una embarcación que había partido desde Tobruk, una ciudad libia, a pocos kilómetros de la frontera con Egipto, con unos 200 pasajeros, hace ya diez días, al intentar embarcar su pasaje a una nave de más porte en alta mar, esta último sucumbió arrastrando a cerca de 500 almas, en su mayoría somalíes, etíopes y eritreos.

Es imposible hacer un cálculo mínimamente certero de las naves y pasajeros que parten desde Libia y Turquía rumbo a Europa ya que son absolutamente ilegales, por lo que no existen listas de “pasajeros” y por lo que solo se puede contar los cuerpos rescatados por las autoridades, que desde ya prefieren ocultar los verdaderos números, pero se podría calcular que en los últimos tres años se han ahogado en aguas del Mediterráneo entre 8 y 12 mil personas.

En el caso de Libia, los refugiados de ese origen, que intentan llegar a Italia por ser el país europeo más cercano, unos 300 kilómetros hasta Lampedusa y 400 hasta Sicilia, lo hacen empujados no solo de la guerra civil que desde el 2011 no ha dado una hora de paz al pueblo del Coronel Mohammed Gadaffi, sino también huyendo de la falta absoluta de perspectivas de futuro.

Además de libios al puerto de Misrata llegan otros miles, en su mayoría, de países de África occidental como Nigeria, Mauritania, Ghana, Guinea, Costa de Marfil, Gambia, Senegal, Beni, Togo o Camerún o de países vecinos a Libia como Níger o el Chad. Que tras un recorrido terrestre de más de tres mil kilómetros, en los que son sometidos a las extorciones de las guardia fronterizas de Argelia, Túnez o Mali, además de sortear bandas de al-Qaeda o Estado Islámico como Ansar al-Dine (Seguidores de la fe), que secuestran a los hombres para incorporarlos a sus filas y a las mujeres para esclavizar o venderlas. Para sortear ese destino caen en manos de traficantes de personas que los esquilman y en muchos casos los abandona en pleno desierto.

A pesar de todo, la cifra de personas que hoy esperan en Libia para embarcar rumbo a Europa se aproxima a los 500 mil y nada hace suponer que ese flujo disminuirá alguna vez.

Muchos refugiados de Etiopia, Sudán de Sur, Sudán, República Centroafricana, Kenia, Somalia o Eritrea están intentado hacerlo desde el puerto de Tobruk, a escasos 50 kilómetros de la frontera egipcia, como en el último naufragio.

El muro balcánico

A pesar la claudicación europea frente al presidente turco Recep Tayyip Erdoğan, al aceptar sus extorsiones y cobrar un altísimo precio por contener a los refugiados sirios, iraquíes y afganos, que desde los puertos turcos pretendían llegar a Grecia, el flujo de refugiados sigue. Si bien se ha detenido en parte, solo es cuestión de tiempo para que encuentren otras vías para alcanzar su meta: la Europa blanca, Alemania, Austria, Suecia y en menor escala Francia y Gran Bretaña.

Desde el 20 de marzo en que se puso en marcha el trato con Erdogan, ha mermando en mucho la llegada de refugiados a Grecia. Durante marzo habían llegado solo unos 27 mil refugiados, a diferencia de los más de 70 mil que lo hicieron durante febrero. Por lo que los arribos a Italia se duplicaron, con cerca de 10 mil personas, a comparación con febrero, según la agencia europea de control fronterizo Frontex.

La mayoría de ellos son ciudadanos sirios, afganos e iraquíes, al contrario de lo habitual en las costas italianas a la que llegan casi exclusivamente desde los países africanos.

Este cambio de punto de arribo no solo se debe a las presiones del gobierno turco, sino por el cierre absoluto de las fronteras en los países balcánicos armando un verdadero muro para los refugiados y para no quedar encerrados en Grecia, donde ya hay cerca de 70 mil refugiados, intentan hacerlo por Italia.

Grecia se ha convertido en una verdadera ratonera para refugiados, Atenas solo atina a hacinarlos en campos como los de Idomeni donde cerca de 15 mil refugiados están atrapados, y donde cada tanto son reprimidos por las fuerzas de seguridad de Macedonia con gases y balas de goma para contrarrestar los intentos de los refugiados de filtrarse.

Según Frontex, hasta el 20 de marzo habían llegado 22.900 personas, mientras que en los últimos once días del mes de marzo la cifra fue de 3.500.

Erdogan, a su vez, ha cerrados las fronteras con Siria, donde esperan por pasar a Turquía unos 120 mil sirios atrapados entre el ejército turco y Estado Islámico.

En Turquía ya se registran unos dos millones y medios de sirios, que no solo no pueden seguir rumbo a Europa, sino que están empezando a ser devueltos a su país a pesar de los riesgos que los pudieran esperar, violando todos sus derechos, a lo que la Unión Europea responde con silencio, mirando a un costado y dejando hacer a Erdogan, que se ha convertido en el gendarme mejor pagado del mundo.

Los 500 nuevos muertos en el último gran naufragio del Mediterráneo, que recién el miércoles 19 acabamos de conocer, son solo un episodio más de un naufragio mayor, el de la moral europea.

 
Extraído de aquí.

 

miércoles, 30 de marzo de 2016

«Exit Through the Gift Shop» -¿un documental sobre Banksy?





Banksy es el seudónimo de un prolífico artista del street art británico. Nació en Bristol, en 1975. Aunque los datos acerca de su identidad son inciertos y se desconocen detalles de su biografía, según un estudio de la universidad Queen Mary de Londres publicado en marzo de 2016, Robin Gunningham, vecino de Bristol, sería el artista detrás del seudónimo de Banksy.1 Banksy «nació y creció en Bristol, se vio implicado en el graffiti durante el boom del aerosol en Bristol de finales de la década de 1980». Su trabajo, en su gran mayoría piezas satíricas sobre política, cultura pop, moralidad y etnias, combina escritura con graffiti con el uso de estarcidos con plantilla (conocidos generalmente como stencils, del inglés). Su arte urbano combina escritura con una técnica de estarcido muy distintiva, similar a Blek le Rat, quien empezó a trabajar con estarcidos en 1981 en París; y miembros de la banda de anarco-punk Crass, que mantuvieron una campaña en las instalaciones del metro de Londres a finales de la década de los setenta del siglo XX e inicios de los ochenta. Banksy reconoció la influencia de Blek diciendo "cada vez que creo que he pintado algo ligeramente original, me doy cuenta de que Blek le Rat lo hizo mejor, sólo que veinte años antes."2 Sus obras se han hecho populares al ser visibles en varias ciudades del mundo, especialmente en Londres.


Banksy oculta su identidad real a la prensa general. Comenzó su obra en las calles de Bristol, su ciudad natal, entre 1992 y 1994. En el año 2000 organizó una exposición en Londres y después de esto ha plasmado sus pintadas en ciudades de todo el mundo. 
 
 
 
 
Banksy utiliza su arte urbano callejero para promover visiones distintas a las de los grandes medios de comunicación. Esta intención política detrás de su llamado «daño criminal» puede estar influida por los Ad Jammers (movimiento que deformaba imágenes de anuncios publicitarios para cambiar el mensaje).









Banksy también trabaja cobrando para organizaciones benéficas como Greenpeace y para empresas como Puma y MTV, y vende cuadros hasta por 25.000 libras en circuitos comerciales o en la galería de su agente, Steve Lazarides. Un juego de obras de Banksy se vendió en la casa de subastas Sotheby's por 50.400 libras. Esto lo ha llevado a ser acusado de vendido por otros artistas y activistas. Hay varios temas que se repiten en la obra de Banksy: ratas, oportunidades de foto (lugares típicos donde los turistas desearían hacer una foto sin pintadas), soldados orinando, policías, etc.

En agosto de 2005, Banksy realizó murales sobre el Muro de Cisjordania, construido por Israel en los territorios ocupados de Cisjordania (concretamente en Belén, Ramala y Abu Dis), combinando varias técnicas.
El estreno mundial de la obra cinematográfica titulada en inglés como "Exit Through the Gift Shop" fue en el festival de cine Sundance en Park City, Utah, el 24 de enero. Él creó diez obras de arte de la calle alrededor de Park City y de Salt Lake City para enlazarlos con la presentación en pantalla.6 En febrero, el establecimiento (pub) conocido como “La Casa Blanca” (The Witehouse) en Liverpool, Inglaterra, fue vendido por £114,000 en una subasta. Al lado de la construcción está la imagen de una rata gigante creada por Banksy.7 En marzo del 2010, la obra "Perdona nuestro traspaso" (Forgive Us for Trespassing) estuvo en exhibición en el Puente de Londres junto con la compañía de arte llamada Art Below que presentaba espectáculos en el metro de Londres. La obra fue censurada por el organismo de gobierno local Transport for London, así prohibiendo el trabajo con su aureola, por la preponderancia del grafiti en el metro.8 La obra se mostró sin la aureola sobre la cabeza del niño, pero después de unos días se repintó por un grafitista, por lo que el TfL descartó el cartel. Éste hecho pasó a la prensa y varios artículos fueron publicados notando el progreso del poster.
En 2004 el colectivo de anarquitectos Space Hijackers repartió octavillas frente a una exposición de Banksy para resaltar el irónico uso que el artista hace del imaginario anticapitalista y de protesta, mientras trabaja para grandes empresas y galerías de arte.
Peter Gibson, portavoz de la campaña Keep Britain Tidy, considera que su obra, como la de otros grafiteros es mero vandalismo. Diane Shakespeare, oficial de la misma organización, manifestó: «Nos preocupa que Banksy glorifica el arte de la calle, lo que es esencialmente vandalismo».
Luis Jaume, experto en arte, considera que el apropiacionismo de Banksy es conceptualmente vago, dirigido a un público no especializado ni crítico y que la ironía no lo convierte en artista. También ha comparado a Banksy con Jeff Koons y Damien Hirst, como los principales empresarios y expertos en marketing del arte.


También se critica que plasme mensajes anti-sistema en barrios y edificios cuyos habitantes no los comparten.


Texto extractado de Wikipedia.

jueves, 10 de marzo de 2016

“El neoliberalismo aplica la necropolítica, deja morir a las personas que no son rentables” –una entrevista a Clara Valverde


 

Clara Valverde introduce su nuevo libro con la alusión al texto de una pintada en la pared: “Con la dictadura nos mataban. Ahora nos dejan morir”. En ‘De la necropolítica neoliberal a la empatía radical’ (‘Icaria/Más madera’) esta activista política y social y escritora sostiene que el sistema neoliberal es incompatible con la lucha contra la desigualdad. Para ella, este sistema divide la sociedad en excluidos e incluidos. Se desentiende de los primeros y atemoriza a los segundos para perpetuar y aumentar el poder y la riqueza de los privilegiados.

 ¿Qué tenemos que entender por “necropolítica neoliberal”?


‘Necro’ es la palabra griega para ‘muerte’. Las políticas neoliberales son unas políticas de muerte. No tanto porque los gobiernos nos maten con su policía, sino porque dejan morir a la gente con sus políticas de austeridad y exclusión. Se deja morir a los dependientes, a los sin techo, a los enfermos crónicos, a las personas en listas de espera, a los refugiados que se ahogan en el mar, a los emigrantes en los CIEs…

 

A los cuerpos que no son rentables para el capitalismo neoliberal, que no producen ni consumen, se les deja morir.

 

 ¿Cómo se consigue convencer a los ciudadanos de que esa “necropolítica neoliberal” les beneficia? ¿Porqué no hay una rebelión masiva contra ella?

 

Los que aún no están excluidos, los que aún se creen el mito de que en esta sociedad somos libres aceptan y hacen suyo lo que dicen los poderosos y su prensa: que los excluidos no son como ellos, que son una gente zarrapastrosa, sucia, rara, diferente, con mala suerte y malos hábitos. El mito que ha calado es que los excluidos se han buscado la situación que sufren.

 

No hay una rebeldía masiva contra las necropolíticas de los gobiernos, contra la exclusión, porque la gente que aún no está excluida no se identifica con los excluidos. Piensan “ese no soy yo”, “eso no me pasará a mí”. No se dejan identificar con el que sufre, no hay empatía radical. Y en realidad las necropolíticas nos afectan a todos. En cuanto esa persona incluida enferme será posiblemente excluida sin ingresos y sin ayuda.

 

 En este diseño social hay ciudadanos excluidos y ciudadanos incluidos. ¿Nadie defiende a los excluidos?

 

Muy poca gente defiende a los excluidos. ¿Cuánta gente se organiza para apoyar a los sin hogar? ¿Cuánta gente ayuda a los ancianos o enfermos crónicos y a sus asociaciones? En la PAH hay apoyo mutuo y empatía radical pero casi todos los que están activos en la PAH son afectados ellos también por los desahucios.

 

 Los incluidos creen estar a salvo de su expulsión del sistema pero les adviertes que en cualquier momento pueden caer en la exclusión. El temor a la exclusión ¿fomenta la insolidaridad en nuestra sociedad?

 

Los que ahora tienen la suerte de no estar enfermos, desahuciados, en paro, deberían pensar que la mayoría, a menos que tengan mucho capital económico, podrían llegar a ser excluidos. Pongamos que eres conductor de autobús. Si enfermas, aunque lleves cotizando años, es muy posible que el Instituto Catalán de Evaluaciones Médicas (ICAM) te dé el alta aunque estés demasiado enfermo para trabajar. Entonces, ¿qué harás? Sin poder trabajar, sin ingresos y con los gastos que una enfermedad conlleva y que no cubre la Seguridad Social…

 

El poder neoliberal se asegura de que los incluidos no se fíen de los excluidos, que los vean como extraños, diferentes, desagradables y no se solidaricen con ellos.

 

 El neoliberalismo impone su necropolítica mediante la violencia. Pero ésa violencia no siempre es explícita. Dice que la más eficaz para los intereses del neoliberalismo es la ‘violencia discreta’. ¿A qué se refiere?

 

Por ejemplo, los recortes, la mercantilización y la privatización de la sanidad pública son una violencia discreta. No matan a tiros a los enfermos en listas de espera. Pero ¿cuántos mueren por esas listas interminables? Esas listas son tan largas porque los administradores de la sanidad pública y los políticos la han organizado de modo que la sanidad privada “chupe” de ella. Y eso tiene, como una de sus consecuencias, el sufrimiento y la muerte lenta de los enfermos que esperan.

 

 Asegura que nos han cambiado el sentido de las palabras y que para combatir la necropolítica neoliberal hay que volver a llamar a las cosas por su nombre ¿Qué trampas del lenguaje destacaría?

 

Hay que llamar a las cosas por su nombre. Los políticos de derechas neoliberales, los que van de “centristas”, todos esos nos maltratan. No hay otra palabra. Es maltrato. Las condiciones laborales son malos tratos. Los recortes son malos tratos. Las leyes mordaza son malos tratos.

 

Hay muchas trampas lingüísticas. El que la gente haga suyas las frases-trampa de los poderosos es preocupante. Frases como “es lo que hay”, “no me puedo quejar”, “no va a ir a peor”, “no pasa nada”, etc. Y el ‘pensamiento positivo’ que hace que la gente se sienta culpable de estar enfadados con los políticos y de la situación actual.

 

La tolerancia es otra gran trampa. La tolerancia es muy violenta. Se intenta decir que es buena, que sí, que hay que tolerar al que es diferente. ‘Tolerar’ quiere decir ‘aguantar’ y es una posición de poder sobre el otro. “Yo te aguanto aunque seas pobre,  trans, negro, autista, etc.” No, las diferencias no son para ser toleradas. Las diferencias hay que mirarlas, entender el por qué hay desigualdades entre grupos diferentes y cambiar la situación. Es necesario nombrar las desigualdades y luchar contra ellas al mismo tiempo que celebramos la diversidad.

 

 Choca que hable de la contratación de discapacitados o del papel de las ONGs como instrumento manipulado por el neoliberalismo en interés propio.

 

Aquí no se habla de esto pero en muchos países, sí. Hay numerosos autores que hablan del “ONGismo” y del “Inspiración  Porn”.

 

El ONGismo es la utilización de la comunidad para hacer el trabajo que debería hacer el gobierno con nuestro dinero. El ONGismo es un tema complejo porque la buena gente que se implica en una ONG lo hace con buenas intenciones. Pero luego son ellos los que tiene que recortar y hacer que sus empleados acepten sueldos míseros para hacer tareas que corresponden al Estado de Bienestar.

 

 Cita algunos ejemplos de esta manipulación en la publicidad.

 

Hace unos años la Fundación La Caixa utilizaba personas con síndrome de Down no muy severo como ejemplos de cómo deberían ser los trabajadores. Ahora hay un anuncio de la compañía que hace lavadoras, Balay, en la que un sordomudo dice: “¡Mirad! Si un trabajador discapacitado es el mejor trabajador, sonríe y no se queja, tú, que no eres discapacitado, deberías callar, trabajar y no protestar”. Esto es un ejemplo de “Inspiración  Porn”, una suerte de pornografía con los discapacitados.

 

Pero la realidad es que la mayoría de los discapacitados no tienen ingresos y sufren mucho. Y si consiguen un trabajo, su empresa no tiene que pagar su Seguridad Social. Es un ahorro para el jefe.

 

 ¿La necropolítica es especialmente evidente en España? Destaca que en este país se ha enterrado la memoria histórica de lo que supusieron la guerra y el franquismo, que sólo en Camboya hay más fosas comunes por abrir.

 

En realidad, la necropolítica se puede ver por todo el mundo. Mira la situación de violencia en México.

 

Pero sí, una sociedad como la nuestra que destaca a nivel mundial por la cantidad de personas desaparecidas y sin enterrar desde hace 80 años, no es una sociedad que pueda funcionar de forma humana. Tenemos a más de 100.000 abuelos y abuelas sin enterrar aún. ¿A cuántas personas de nuestra generación afecta éso directamente? ¿E indirectamente?

 

Andamos por los campos y las cunetas, y debajo de nuestros pies están miles y miles de personas que el gobierno, ningún gobierno,  cree que merezcan ser encontrados y devueltos a sus familias. Eso produce una sociedad muy enferma.

 

 El sistema sanitario le sirve como ejemplo perfecto de la forma de actuar de esa necropolítica neoliberal. ¿Es donde se hace más evidente su forma de actuar?

 

Es una de las áreas en la que más vemos el sufrimiento causado por la necropolítica, porque en el sistema sanitario se trabaja con las vidas y los cuerpos de las personas, con el sufrimiento inevitable que es parte del ser humano.

 

Te doy un pequeño ejemplo. Los profesionales de enfermería en hospitales en los que se ha implantado el método “Lean”, método inventado para las cadenas de montaje de coches Toyota. Dan más importancia a estar “ on time” (puntuales con la velocidad que les imponen en sus tareas, velocidad nada humana ni para el profesional ni, sobre todo, para el paciente) que a la calidad del trabajo y al bienestar de los pacientes. Dicen estar contentos si están “ on time”, ¡como si fueran conductores de la Renfe!

 

El método Lean se ha conseguido implantar sin que hayan protestas entre los profesionales sanitarios. De la misma manera que tantos profesionales no cuestionan Lean, tampoco cuestionan el autoritarismo y el paternalismo que ellos mismos utilizan con los enfermos.

 

Lo grave es que estos profesionales sanitarios son ellos también víctimas del autoritarismo y paternalismo de las administraciones sanitarias. A ellos les maltratan y se les exige que también maltraten. Finalmente, sin darse cuenta, acaban haciendo lo que llaman muchos autores “gobernar por terceros”; o sea, haciendo el trabajo sucio de los neoliberales.

 

 Y simboliza en las enfermas de Síndromes de Sensibilización Central esa acción. ¿Por qué?

 

Porque los enfermos, o enfermas porque la mayoría son mujeres, adolescentes y niños, de SSC son por lo menos el 3,5% de la población -aunque los investigadores internacionales dicen que el porcentaje es mucho más alto- y cada año pierden parte de los pocos derechos que tenían. Con Boi Ruiz, los enfermos de SSC en Catalunya, dejaron de tener derecho a acceder a sus médicos. Y si el nuevo consejero sigue el acuerdo Junts Pel Sí-CUP, seguirán sin poder ver a su médico y los que enfermen ahora no podrán ser diagnosticados.

 

El 80% de estos enfermos viven encerrados en sus casas, en sus camas, sin ninguna ayuda sanitaria ni social. Y están demasiado enfermos para protestar, participar en movimientos sociales, etc. La mayoría enferman entre los 10 y los 30 años de edad. No han cotizado. Les espera una larga vida de pobreza y sufrimiento en la cama. Y los que han conseguido trabajar unos años y cotizar, el ICAM hace todo lo posible para que no tengan una ayuda económica. Hasta a los que han conseguido una pensión a través de los juzgados el ICAM les quita la pensión.

 

 El antídoto contra esa necropolítica está en la voluntad de compartir. “Para sobrevivir y vivir hay que compartir”, dice. ¿Funcionará?

 

Las iniciativas, ideas y grupos implicados en lo común son el antídoto contra la necropolítica. Lo que el poder absoluto quiere dividir, nosotros lo tenemos que juntar. Nos tenemos que juntar enfermos, sanos, trans y todos los géneros, razas varias, ancianos, niños… Pero para hacerlo tenemos que desarrollar una empatía radical y empezar desde los espacios excluidos. No funciona que los “incluidos” inviten a los excluidos a sus movimientos. Tiene que ser al revés. Los que aún se creen incluidos necesitan ir a esos espacios intersticiales en los que habita la exclusión y empezar desde ahí.

 

En ese sentido quería dar las gracias a Catalunya Plural por entender que para poder tener esta conversación conmigo, que vivo en la cama el 90% del tiempo con Encefalomielitis Miálgica, lo hemos tenido que hacer a mí manera. Unos necesitan una rampa para su silla de ruedas. Otros necesitamos  Skype y  email.

 


 

jueves, 11 de febrero de 2016

Turquía recupera la poliginia gracias a las ‘novias de guerra’ sirias - Nazanín Armanian


 
 
Miles de turcos y de kurdos han casado de forma ilegal a otras miles de niñas y mujeres refugiadas sirias desde el inicio de la guerra de Siria en 2011. La República de Turquía prohibió en 1926 la poliginia (el derecho de los hombres a tener múltiples esposas) y también el matrimonio con niñas; sin embargo, se ha mantenido el mismo sistema milenario de mercado que codifica a la mujer y le asigna un estatus de subgénero. Sólo el año pasado, alrededor de 270 mujeres fueron asesinadas por violencia de género.


Según las feministas turcas, la poliginia masculina se ha disparado en las regiones próximas a la frontera turco-siria en los últimos cinco años. Mientras que en la Turquía moderna, esta práctica había caído en decadencia  y ninguna mujer de las zonas urbanas quería ser Kuma (co-esposa); en el campo, los señores ricos que quieren presumir de su potencial sexual y de su fortuna, suelen exhibir sus cuatro o cinco esposas y una tropa de hijos para reírse de la ley. 


Asimismo, algunos dirigentes —del mismo partido gobernante— de la Justicia y del Desarrollo son aficionados a tener, al menos, dos esclavas sexuales en casa. Por lo tanto, lo de autorizar a los imanes turcos para declarar ‘halal’ a la unión sexual entre un hombre e infinitas mujeres a espaldas de las leyes del país, ¿formaría parte de su estrategia, nada sutil, de implantar la versión fundamentalista del Islam en Turquía?  

 

Guerra sobre el cuerpo de la mujer refugiada

 
Si antes de la guerra las mujeres sirias estaban en manos de dios, a partir de ahora el demonio de la guerra y sus consecuencias no las dejará en paz. Las supervivientes del conflicto seguirán siendo un ‘botín de guerra’ para los vigilantes de los refugios, para otros refugiados, y también para algunos señores anfitriones. En la desconocida y desconcertante tierra de acogida, niñas huérfanas, viudas con hijos, mujeres solas o acompañadas por un tutor varón familiar… seguirán sufriendo las mil y una formas de humillación, acoso sexual o violación que sufrieron durante su huida. Chicas universitarias, empleadas, amas de casa o estudiantes se han convertido en simples refugiadas, término con una tremenda carga negativa que además les borra la identidad y el estatus social que ostentaban. En Turquía, uno de los principales responsables de su tragedia, los sirios tampoco son bienvenidos. Nadie quiere a los pobres.
 

De casi 2 millones de refugiados sirios en Turquía, sólo unos 220.000 están alojados en los campos de refugio, recibiendo alguna ayuda. El resto se han tenido que buscar la vida alquilando chozas, graneros y pisos patera por precios que se han disparado y estrangulan la economía personal de los refugiados. Es aquí donde los mercaderes de ‘carne fresca de mujer’ aparecen: ofrecen alojamiento gratuito a las cabezas de familia a cambio de sexo o piden una hija a los padres insolventes como pago por adelantado del alquiler de un año. Que estos hombres no sepan árabe para comunicarse con estas mujeres no es ningún problema: nadie pide a un violador que sepa idiomas. 
 

Kuma significa co-esposa

 
El tradicional oficio femenino de ‘casamentera’ en Turquía hoy es cosa de hombres en la frontera con Siria. A cambio de una comisión, ponen en contacto a los solicitantes con las solicitadas. Los ‘novios’ de 50 o 60 años, que juran ser ricos, solteros o viudos sin hijos, buscan hijas de familias pobres y numerosas, madres abandonadas o viudas cuya edad no supere los 22-23 años. Los ‘tutores’ cobrarán unos 1.000 euros por entregarlas en matrimonio. Siendo tan baratas, hay hombre que ya tienen hasta tres esposas sirias hacinadas en la misma vivienda. Sus bodas religiosas también serán una farsa, ya que ellas, que huyeron con lo puesto, carecen de carné de identidad y ellos, por seguir casados, no pueden registrar la unión de forma legal. Por lo que las segundas ‘esposas’ carecerán de todos los derechos legales de la cónyuge. Una vez en el nido de amor forzado, las novias se encontrarán sin fortuna, con la existencia de otra mujer y media docena de hijos. ¿Y ahora qué? Unas se resignan, otras piden el divorcio y las más valientes se quedan con las joyas que la tradición manda regalar a la muchacha y se escapan.
 

Cientos de niñas refugiadas sirias de entre 12-13 años ya son madres. Desde el 2011 se ha registrado el nacimiento de unos 70.000 bebés de esta nacionalidad en Turquía. Tenebroso panorama para las niñas-madres y sus hijos. Otras compatriotas alquilan su cuerpo por las calles turcas por unos 5 euros, o recurren a la mendicidad cuando cae la noche y pueden ocultar su rostro de vergüenza para dar de comer a sus hijos o sus nietos. ¿Existe algún instrumento para medir el dolor?
 

Las mujeres turcas y kurdas ‘legales’ también son víctimas de esta guerra: humilladas por sus maridos que han traído una mujer a casa, siempre más bella y más joven, amenazan con suicidarse o caen en depresión, sin tener a donde ir. El hogar de la poligamia es un infierno: cuenta la Biblia cómo Abraham —el patriarca de los judíos y los musulmanes— harto de las peleas y discusiones en el hogar entre sus dos mujeres, decidió abandonar a su segunda esposa Hagar y a su hijo en el desierto, para dejarles morir de sed y de hambre. ¡Y se le sigue respetando como profeta!
 

El hecho de que ninguna comunidad pueda soportar tanta tensión e inestabilidad constante, es el principal motivo por el que la mayoría de los hombres musulmanes optan por la monogamia.

 

Islam y ‘cónyuges múltiples’

 
“Un buen musulmán debe proteger a las mujeres desamparadas”, afirman aquellos que justifican la poligamia masculina como obra benéfica. Pero, ¿por qué hay que meterse literalmente en el lecho de una persona para ayudarla?
 

El Corán menciona la poliginia sólo en un versículo: “Si teméis no ser equitativos con los huérfanos, entonces, casaos con las mujeres que os gusten: dos, tres o cuatro. Pero si teméis no obrar con justicia, entonces con una sola o con vuestras esclavas. Así, evitaréis mejor el obrar mal” (4:3).
 

Los defensores de este dictamen cuentan que dicha práctica surgió para paliar  el desequilibrio demográfico y una supuesta superioridad numérica de las mujeres frente a los hombres, que morían en las guerras o eran objeto de comercio de esclavos. Pero, ¿permitirían las autoridades religiosas que en Xinjiang —región de mayoría musulmana china donde el número de hombres es mayor que las mujeres—, una musulmana tenga varios esposos? 
 

Por otro lado, es cierto que la primera esposa, humillada, tiene derecho a solicitar el divorcio —en teoría—, pero no suele hacerlo, ya que de forma automática y según manda la Sharia, será separada de sus hijos, ya que siempre pertenecerán al padre. Además, ¿cómo podrá volver a organizar su vida sin trabajo y sin una formación mínima demandada por el mercado? Parece que todo está organizado a milímetro para que nada se escape del control absoluto del hombre.
 

Las feministas islámicas juran que el Corán, al condicionar al hombre para tener un trato equitativo con ellas, imposibilita el ejercicio de la poliginia, puesto que él siempre tendrá  una ‘favorita’. Pero, ¿por qué dios no prohibió abiertamente este tipo de uniones como lo ha hecho con el adulterio o la poliandria y ahorrar así tanta confusión y tanto sufrimiento a sus criaturas?
 

Las fuerzas progresistas musulmanas en vez de justificar estas normas pertenecientes a siglos y a sociedades y territorios determinados, deberían apostar por la separación de la religión del Estado, así como adaptar sus preceptos a los nuevos tiempos. Saben que, en este caso, el texto sagrado limita el número de esposas a cuatro: la lengua árabe de entonces carecía de signos gramaticales y para no alargar la frase, dejó la cifra en cuatro. La prueba de ello es que el propio profeta Mahoma tuvo al menos once esposas reconocidas simultáneamente.
 

La poliginia no es una cultura, es el fruto del arcaico sistema patriarcal, el injusto reparto de los recursos, el poder económico y legal del hombre, del apartheid sexual contra la mujer, de las crueles guerras que las lanzan al agujero negro de la desesperación y las fuerzan a buscar un techo y un trozo de pan.
 

El drama descrito aquí, forma parte de los daños colaterales de otra guerra imperialista. 


Extraído de aquí.