jueves, 21 de abril de 2016

«Unión Europea. Un naufragio moral» - Guadi Calvo

 
 

 
Lo único que parece mantenerse a flote en el Mediterráneo es la hipocresía de la Unión Europea. Como si se hubiera intentado conmemorar, módicamente, el naufragio del 19 de abril de 2015, que costó la vida a entre 750 y 900 personas, cuando en el barco con que intentaban llegar a Italia desde Libia se hundió en el Canal de Sicilia, se informa que el nuevo naufragio esta vez tampoco sacudirá las conciencias europeas.

Se supo en las últimas horas que una embarcación que había partido desde Tobruk, una ciudad libia, a pocos kilómetros de la frontera con Egipto, con unos 200 pasajeros, hace ya diez días, al intentar embarcar su pasaje a una nave de más porte en alta mar, esta último sucumbió arrastrando a cerca de 500 almas, en su mayoría somalíes, etíopes y eritreos.

Es imposible hacer un cálculo mínimamente certero de las naves y pasajeros que parten desde Libia y Turquía rumbo a Europa ya que son absolutamente ilegales, por lo que no existen listas de “pasajeros” y por lo que solo se puede contar los cuerpos rescatados por las autoridades, que desde ya prefieren ocultar los verdaderos números, pero se podría calcular que en los últimos tres años se han ahogado en aguas del Mediterráneo entre 8 y 12 mil personas.

En el caso de Libia, los refugiados de ese origen, que intentan llegar a Italia por ser el país europeo más cercano, unos 300 kilómetros hasta Lampedusa y 400 hasta Sicilia, lo hacen empujados no solo de la guerra civil que desde el 2011 no ha dado una hora de paz al pueblo del Coronel Mohammed Gadaffi, sino también huyendo de la falta absoluta de perspectivas de futuro.

Además de libios al puerto de Misrata llegan otros miles, en su mayoría, de países de África occidental como Nigeria, Mauritania, Ghana, Guinea, Costa de Marfil, Gambia, Senegal, Beni, Togo o Camerún o de países vecinos a Libia como Níger o el Chad. Que tras un recorrido terrestre de más de tres mil kilómetros, en los que son sometidos a las extorciones de las guardia fronterizas de Argelia, Túnez o Mali, además de sortear bandas de al-Qaeda o Estado Islámico como Ansar al-Dine (Seguidores de la fe), que secuestran a los hombres para incorporarlos a sus filas y a las mujeres para esclavizar o venderlas. Para sortear ese destino caen en manos de traficantes de personas que los esquilman y en muchos casos los abandona en pleno desierto.

A pesar de todo, la cifra de personas que hoy esperan en Libia para embarcar rumbo a Europa se aproxima a los 500 mil y nada hace suponer que ese flujo disminuirá alguna vez.

Muchos refugiados de Etiopia, Sudán de Sur, Sudán, República Centroafricana, Kenia, Somalia o Eritrea están intentado hacerlo desde el puerto de Tobruk, a escasos 50 kilómetros de la frontera egipcia, como en el último naufragio.

El muro balcánico

A pesar la claudicación europea frente al presidente turco Recep Tayyip Erdoğan, al aceptar sus extorsiones y cobrar un altísimo precio por contener a los refugiados sirios, iraquíes y afganos, que desde los puertos turcos pretendían llegar a Grecia, el flujo de refugiados sigue. Si bien se ha detenido en parte, solo es cuestión de tiempo para que encuentren otras vías para alcanzar su meta: la Europa blanca, Alemania, Austria, Suecia y en menor escala Francia y Gran Bretaña.

Desde el 20 de marzo en que se puso en marcha el trato con Erdogan, ha mermando en mucho la llegada de refugiados a Grecia. Durante marzo habían llegado solo unos 27 mil refugiados, a diferencia de los más de 70 mil que lo hicieron durante febrero. Por lo que los arribos a Italia se duplicaron, con cerca de 10 mil personas, a comparación con febrero, según la agencia europea de control fronterizo Frontex.

La mayoría de ellos son ciudadanos sirios, afganos e iraquíes, al contrario de lo habitual en las costas italianas a la que llegan casi exclusivamente desde los países africanos.

Este cambio de punto de arribo no solo se debe a las presiones del gobierno turco, sino por el cierre absoluto de las fronteras en los países balcánicos armando un verdadero muro para los refugiados y para no quedar encerrados en Grecia, donde ya hay cerca de 70 mil refugiados, intentan hacerlo por Italia.

Grecia se ha convertido en una verdadera ratonera para refugiados, Atenas solo atina a hacinarlos en campos como los de Idomeni donde cerca de 15 mil refugiados están atrapados, y donde cada tanto son reprimidos por las fuerzas de seguridad de Macedonia con gases y balas de goma para contrarrestar los intentos de los refugiados de filtrarse.

Según Frontex, hasta el 20 de marzo habían llegado 22.900 personas, mientras que en los últimos once días del mes de marzo la cifra fue de 3.500.

Erdogan, a su vez, ha cerrados las fronteras con Siria, donde esperan por pasar a Turquía unos 120 mil sirios atrapados entre el ejército turco y Estado Islámico.

En Turquía ya se registran unos dos millones y medios de sirios, que no solo no pueden seguir rumbo a Europa, sino que están empezando a ser devueltos a su país a pesar de los riesgos que los pudieran esperar, violando todos sus derechos, a lo que la Unión Europea responde con silencio, mirando a un costado y dejando hacer a Erdogan, que se ha convertido en el gendarme mejor pagado del mundo.

Los 500 nuevos muertos en el último gran naufragio del Mediterráneo, que recién el miércoles 19 acabamos de conocer, son solo un episodio más de un naufragio mayor, el de la moral europea.

 
Extraído de aquí.

 

miércoles, 30 de marzo de 2016

«Exit Through the Gift Shop» -¿un documental sobre Banksy?





Banksy es el seudónimo de un prolífico artista del street art británico. Nació en Bristol, en 1975. Aunque los datos acerca de su identidad son inciertos y se desconocen detalles de su biografía, según un estudio de la universidad Queen Mary de Londres publicado en marzo de 2016, Robin Gunningham, vecino de Bristol, sería el artista detrás del seudónimo de Banksy.1 Banksy «nació y creció en Bristol, se vio implicado en el graffiti durante el boom del aerosol en Bristol de finales de la década de 1980». Su trabajo, en su gran mayoría piezas satíricas sobre política, cultura pop, moralidad y etnias, combina escritura con graffiti con el uso de estarcidos con plantilla (conocidos generalmente como stencils, del inglés). Su arte urbano combina escritura con una técnica de estarcido muy distintiva, similar a Blek le Rat, quien empezó a trabajar con estarcidos en 1981 en París; y miembros de la banda de anarco-punk Crass, que mantuvieron una campaña en las instalaciones del metro de Londres a finales de la década de los setenta del siglo XX e inicios de los ochenta. Banksy reconoció la influencia de Blek diciendo "cada vez que creo que he pintado algo ligeramente original, me doy cuenta de que Blek le Rat lo hizo mejor, sólo que veinte años antes."2 Sus obras se han hecho populares al ser visibles en varias ciudades del mundo, especialmente en Londres.


Banksy oculta su identidad real a la prensa general. Comenzó su obra en las calles de Bristol, su ciudad natal, entre 1992 y 1994. En el año 2000 organizó una exposición en Londres y después de esto ha plasmado sus pintadas en ciudades de todo el mundo. 
 
 
 
 
Banksy utiliza su arte urbano callejero para promover visiones distintas a las de los grandes medios de comunicación. Esta intención política detrás de su llamado «daño criminal» puede estar influida por los Ad Jammers (movimiento que deformaba imágenes de anuncios publicitarios para cambiar el mensaje).









Banksy también trabaja cobrando para organizaciones benéficas como Greenpeace y para empresas como Puma y MTV, y vende cuadros hasta por 25.000 libras en circuitos comerciales o en la galería de su agente, Steve Lazarides. Un juego de obras de Banksy se vendió en la casa de subastas Sotheby's por 50.400 libras. Esto lo ha llevado a ser acusado de vendido por otros artistas y activistas. Hay varios temas que se repiten en la obra de Banksy: ratas, oportunidades de foto (lugares típicos donde los turistas desearían hacer una foto sin pintadas), soldados orinando, policías, etc.

En agosto de 2005, Banksy realizó murales sobre el Muro de Cisjordania, construido por Israel en los territorios ocupados de Cisjordania (concretamente en Belén, Ramala y Abu Dis), combinando varias técnicas.
El estreno mundial de la obra cinematográfica titulada en inglés como "Exit Through the Gift Shop" fue en el festival de cine Sundance en Park City, Utah, el 24 de enero. Él creó diez obras de arte de la calle alrededor de Park City y de Salt Lake City para enlazarlos con la presentación en pantalla.6 En febrero, el establecimiento (pub) conocido como “La Casa Blanca” (The Witehouse) en Liverpool, Inglaterra, fue vendido por £114,000 en una subasta. Al lado de la construcción está la imagen de una rata gigante creada por Banksy.7 En marzo del 2010, la obra "Perdona nuestro traspaso" (Forgive Us for Trespassing) estuvo en exhibición en el Puente de Londres junto con la compañía de arte llamada Art Below que presentaba espectáculos en el metro de Londres. La obra fue censurada por el organismo de gobierno local Transport for London, así prohibiendo el trabajo con su aureola, por la preponderancia del grafiti en el metro.8 La obra se mostró sin la aureola sobre la cabeza del niño, pero después de unos días se repintó por un grafitista, por lo que el TfL descartó el cartel. Éste hecho pasó a la prensa y varios artículos fueron publicados notando el progreso del poster.
En 2004 el colectivo de anarquitectos Space Hijackers repartió octavillas frente a una exposición de Banksy para resaltar el irónico uso que el artista hace del imaginario anticapitalista y de protesta, mientras trabaja para grandes empresas y galerías de arte.
Peter Gibson, portavoz de la campaña Keep Britain Tidy, considera que su obra, como la de otros grafiteros es mero vandalismo. Diane Shakespeare, oficial de la misma organización, manifestó: «Nos preocupa que Banksy glorifica el arte de la calle, lo que es esencialmente vandalismo».
Luis Jaume, experto en arte, considera que el apropiacionismo de Banksy es conceptualmente vago, dirigido a un público no especializado ni crítico y que la ironía no lo convierte en artista. También ha comparado a Banksy con Jeff Koons y Damien Hirst, como los principales empresarios y expertos en marketing del arte.


También se critica que plasme mensajes anti-sistema en barrios y edificios cuyos habitantes no los comparten.


Texto extractado de Wikipedia.

jueves, 10 de marzo de 2016

“El neoliberalismo aplica la necropolítica, deja morir a las personas que no son rentables” –una entrevista a Clara Valverde


 

Clara Valverde introduce su nuevo libro con la alusión al texto de una pintada en la pared: “Con la dictadura nos mataban. Ahora nos dejan morir”. En ‘De la necropolítica neoliberal a la empatía radical’ (‘Icaria/Más madera’) esta activista política y social y escritora sostiene que el sistema neoliberal es incompatible con la lucha contra la desigualdad. Para ella, este sistema divide la sociedad en excluidos e incluidos. Se desentiende de los primeros y atemoriza a los segundos para perpetuar y aumentar el poder y la riqueza de los privilegiados.

 ¿Qué tenemos que entender por “necropolítica neoliberal”?


‘Necro’ es la palabra griega para ‘muerte’. Las políticas neoliberales son unas políticas de muerte. No tanto porque los gobiernos nos maten con su policía, sino porque dejan morir a la gente con sus políticas de austeridad y exclusión. Se deja morir a los dependientes, a los sin techo, a los enfermos crónicos, a las personas en listas de espera, a los refugiados que se ahogan en el mar, a los emigrantes en los CIEs…

 

A los cuerpos que no son rentables para el capitalismo neoliberal, que no producen ni consumen, se les deja morir.

 

 ¿Cómo se consigue convencer a los ciudadanos de que esa “necropolítica neoliberal” les beneficia? ¿Porqué no hay una rebelión masiva contra ella?

 

Los que aún no están excluidos, los que aún se creen el mito de que en esta sociedad somos libres aceptan y hacen suyo lo que dicen los poderosos y su prensa: que los excluidos no son como ellos, que son una gente zarrapastrosa, sucia, rara, diferente, con mala suerte y malos hábitos. El mito que ha calado es que los excluidos se han buscado la situación que sufren.

 

No hay una rebeldía masiva contra las necropolíticas de los gobiernos, contra la exclusión, porque la gente que aún no está excluida no se identifica con los excluidos. Piensan “ese no soy yo”, “eso no me pasará a mí”. No se dejan identificar con el que sufre, no hay empatía radical. Y en realidad las necropolíticas nos afectan a todos. En cuanto esa persona incluida enferme será posiblemente excluida sin ingresos y sin ayuda.

 

 En este diseño social hay ciudadanos excluidos y ciudadanos incluidos. ¿Nadie defiende a los excluidos?

 

Muy poca gente defiende a los excluidos. ¿Cuánta gente se organiza para apoyar a los sin hogar? ¿Cuánta gente ayuda a los ancianos o enfermos crónicos y a sus asociaciones? En la PAH hay apoyo mutuo y empatía radical pero casi todos los que están activos en la PAH son afectados ellos también por los desahucios.

 

 Los incluidos creen estar a salvo de su expulsión del sistema pero les adviertes que en cualquier momento pueden caer en la exclusión. El temor a la exclusión ¿fomenta la insolidaridad en nuestra sociedad?

 

Los que ahora tienen la suerte de no estar enfermos, desahuciados, en paro, deberían pensar que la mayoría, a menos que tengan mucho capital económico, podrían llegar a ser excluidos. Pongamos que eres conductor de autobús. Si enfermas, aunque lleves cotizando años, es muy posible que el Instituto Catalán de Evaluaciones Médicas (ICAM) te dé el alta aunque estés demasiado enfermo para trabajar. Entonces, ¿qué harás? Sin poder trabajar, sin ingresos y con los gastos que una enfermedad conlleva y que no cubre la Seguridad Social…

 

El poder neoliberal se asegura de que los incluidos no se fíen de los excluidos, que los vean como extraños, diferentes, desagradables y no se solidaricen con ellos.

 

 El neoliberalismo impone su necropolítica mediante la violencia. Pero ésa violencia no siempre es explícita. Dice que la más eficaz para los intereses del neoliberalismo es la ‘violencia discreta’. ¿A qué se refiere?

 

Por ejemplo, los recortes, la mercantilización y la privatización de la sanidad pública son una violencia discreta. No matan a tiros a los enfermos en listas de espera. Pero ¿cuántos mueren por esas listas interminables? Esas listas son tan largas porque los administradores de la sanidad pública y los políticos la han organizado de modo que la sanidad privada “chupe” de ella. Y eso tiene, como una de sus consecuencias, el sufrimiento y la muerte lenta de los enfermos que esperan.

 

 Asegura que nos han cambiado el sentido de las palabras y que para combatir la necropolítica neoliberal hay que volver a llamar a las cosas por su nombre ¿Qué trampas del lenguaje destacaría?

 

Hay que llamar a las cosas por su nombre. Los políticos de derechas neoliberales, los que van de “centristas”, todos esos nos maltratan. No hay otra palabra. Es maltrato. Las condiciones laborales son malos tratos. Los recortes son malos tratos. Las leyes mordaza son malos tratos.

 

Hay muchas trampas lingüísticas. El que la gente haga suyas las frases-trampa de los poderosos es preocupante. Frases como “es lo que hay”, “no me puedo quejar”, “no va a ir a peor”, “no pasa nada”, etc. Y el ‘pensamiento positivo’ que hace que la gente se sienta culpable de estar enfadados con los políticos y de la situación actual.

 

La tolerancia es otra gran trampa. La tolerancia es muy violenta. Se intenta decir que es buena, que sí, que hay que tolerar al que es diferente. ‘Tolerar’ quiere decir ‘aguantar’ y es una posición de poder sobre el otro. “Yo te aguanto aunque seas pobre,  trans, negro, autista, etc.” No, las diferencias no son para ser toleradas. Las diferencias hay que mirarlas, entender el por qué hay desigualdades entre grupos diferentes y cambiar la situación. Es necesario nombrar las desigualdades y luchar contra ellas al mismo tiempo que celebramos la diversidad.

 

 Choca que hable de la contratación de discapacitados o del papel de las ONGs como instrumento manipulado por el neoliberalismo en interés propio.

 

Aquí no se habla de esto pero en muchos países, sí. Hay numerosos autores que hablan del “ONGismo” y del “Inspiración  Porn”.

 

El ONGismo es la utilización de la comunidad para hacer el trabajo que debería hacer el gobierno con nuestro dinero. El ONGismo es un tema complejo porque la buena gente que se implica en una ONG lo hace con buenas intenciones. Pero luego son ellos los que tiene que recortar y hacer que sus empleados acepten sueldos míseros para hacer tareas que corresponden al Estado de Bienestar.

 

 Cita algunos ejemplos de esta manipulación en la publicidad.

 

Hace unos años la Fundación La Caixa utilizaba personas con síndrome de Down no muy severo como ejemplos de cómo deberían ser los trabajadores. Ahora hay un anuncio de la compañía que hace lavadoras, Balay, en la que un sordomudo dice: “¡Mirad! Si un trabajador discapacitado es el mejor trabajador, sonríe y no se queja, tú, que no eres discapacitado, deberías callar, trabajar y no protestar”. Esto es un ejemplo de “Inspiración  Porn”, una suerte de pornografía con los discapacitados.

 

Pero la realidad es que la mayoría de los discapacitados no tienen ingresos y sufren mucho. Y si consiguen un trabajo, su empresa no tiene que pagar su Seguridad Social. Es un ahorro para el jefe.

 

 ¿La necropolítica es especialmente evidente en España? Destaca que en este país se ha enterrado la memoria histórica de lo que supusieron la guerra y el franquismo, que sólo en Camboya hay más fosas comunes por abrir.

 

En realidad, la necropolítica se puede ver por todo el mundo. Mira la situación de violencia en México.

 

Pero sí, una sociedad como la nuestra que destaca a nivel mundial por la cantidad de personas desaparecidas y sin enterrar desde hace 80 años, no es una sociedad que pueda funcionar de forma humana. Tenemos a más de 100.000 abuelos y abuelas sin enterrar aún. ¿A cuántas personas de nuestra generación afecta éso directamente? ¿E indirectamente?

 

Andamos por los campos y las cunetas, y debajo de nuestros pies están miles y miles de personas que el gobierno, ningún gobierno,  cree que merezcan ser encontrados y devueltos a sus familias. Eso produce una sociedad muy enferma.

 

 El sistema sanitario le sirve como ejemplo perfecto de la forma de actuar de esa necropolítica neoliberal. ¿Es donde se hace más evidente su forma de actuar?

 

Es una de las áreas en la que más vemos el sufrimiento causado por la necropolítica, porque en el sistema sanitario se trabaja con las vidas y los cuerpos de las personas, con el sufrimiento inevitable que es parte del ser humano.

 

Te doy un pequeño ejemplo. Los profesionales de enfermería en hospitales en los que se ha implantado el método “Lean”, método inventado para las cadenas de montaje de coches Toyota. Dan más importancia a estar “ on time” (puntuales con la velocidad que les imponen en sus tareas, velocidad nada humana ni para el profesional ni, sobre todo, para el paciente) que a la calidad del trabajo y al bienestar de los pacientes. Dicen estar contentos si están “ on time”, ¡como si fueran conductores de la Renfe!

 

El método Lean se ha conseguido implantar sin que hayan protestas entre los profesionales sanitarios. De la misma manera que tantos profesionales no cuestionan Lean, tampoco cuestionan el autoritarismo y el paternalismo que ellos mismos utilizan con los enfermos.

 

Lo grave es que estos profesionales sanitarios son ellos también víctimas del autoritarismo y paternalismo de las administraciones sanitarias. A ellos les maltratan y se les exige que también maltraten. Finalmente, sin darse cuenta, acaban haciendo lo que llaman muchos autores “gobernar por terceros”; o sea, haciendo el trabajo sucio de los neoliberales.

 

 Y simboliza en las enfermas de Síndromes de Sensibilización Central esa acción. ¿Por qué?

 

Porque los enfermos, o enfermas porque la mayoría son mujeres, adolescentes y niños, de SSC son por lo menos el 3,5% de la población -aunque los investigadores internacionales dicen que el porcentaje es mucho más alto- y cada año pierden parte de los pocos derechos que tenían. Con Boi Ruiz, los enfermos de SSC en Catalunya, dejaron de tener derecho a acceder a sus médicos. Y si el nuevo consejero sigue el acuerdo Junts Pel Sí-CUP, seguirán sin poder ver a su médico y los que enfermen ahora no podrán ser diagnosticados.

 

El 80% de estos enfermos viven encerrados en sus casas, en sus camas, sin ninguna ayuda sanitaria ni social. Y están demasiado enfermos para protestar, participar en movimientos sociales, etc. La mayoría enferman entre los 10 y los 30 años de edad. No han cotizado. Les espera una larga vida de pobreza y sufrimiento en la cama. Y los que han conseguido trabajar unos años y cotizar, el ICAM hace todo lo posible para que no tengan una ayuda económica. Hasta a los que han conseguido una pensión a través de los juzgados el ICAM les quita la pensión.

 

 El antídoto contra esa necropolítica está en la voluntad de compartir. “Para sobrevivir y vivir hay que compartir”, dice. ¿Funcionará?

 

Las iniciativas, ideas y grupos implicados en lo común son el antídoto contra la necropolítica. Lo que el poder absoluto quiere dividir, nosotros lo tenemos que juntar. Nos tenemos que juntar enfermos, sanos, trans y todos los géneros, razas varias, ancianos, niños… Pero para hacerlo tenemos que desarrollar una empatía radical y empezar desde los espacios excluidos. No funciona que los “incluidos” inviten a los excluidos a sus movimientos. Tiene que ser al revés. Los que aún se creen incluidos necesitan ir a esos espacios intersticiales en los que habita la exclusión y empezar desde ahí.

 

En ese sentido quería dar las gracias a Catalunya Plural por entender que para poder tener esta conversación conmigo, que vivo en la cama el 90% del tiempo con Encefalomielitis Miálgica, lo hemos tenido que hacer a mí manera. Unos necesitan una rampa para su silla de ruedas. Otros necesitamos  Skype y  email.

 


 

jueves, 11 de febrero de 2016

Turquía recupera la poliginia gracias a las ‘novias de guerra’ sirias - Nazanín Armanian


 
 
Miles de turcos y de kurdos han casado de forma ilegal a otras miles de niñas y mujeres refugiadas sirias desde el inicio de la guerra de Siria en 2011. La República de Turquía prohibió en 1926 la poliginia (el derecho de los hombres a tener múltiples esposas) y también el matrimonio con niñas; sin embargo, se ha mantenido el mismo sistema milenario de mercado que codifica a la mujer y le asigna un estatus de subgénero. Sólo el año pasado, alrededor de 270 mujeres fueron asesinadas por violencia de género.


Según las feministas turcas, la poliginia masculina se ha disparado en las regiones próximas a la frontera turco-siria en los últimos cinco años. Mientras que en la Turquía moderna, esta práctica había caído en decadencia  y ninguna mujer de las zonas urbanas quería ser Kuma (co-esposa); en el campo, los señores ricos que quieren presumir de su potencial sexual y de su fortuna, suelen exhibir sus cuatro o cinco esposas y una tropa de hijos para reírse de la ley. 


Asimismo, algunos dirigentes —del mismo partido gobernante— de la Justicia y del Desarrollo son aficionados a tener, al menos, dos esclavas sexuales en casa. Por lo tanto, lo de autorizar a los imanes turcos para declarar ‘halal’ a la unión sexual entre un hombre e infinitas mujeres a espaldas de las leyes del país, ¿formaría parte de su estrategia, nada sutil, de implantar la versión fundamentalista del Islam en Turquía?  

 

Guerra sobre el cuerpo de la mujer refugiada

 
Si antes de la guerra las mujeres sirias estaban en manos de dios, a partir de ahora el demonio de la guerra y sus consecuencias no las dejará en paz. Las supervivientes del conflicto seguirán siendo un ‘botín de guerra’ para los vigilantes de los refugios, para otros refugiados, y también para algunos señores anfitriones. En la desconocida y desconcertante tierra de acogida, niñas huérfanas, viudas con hijos, mujeres solas o acompañadas por un tutor varón familiar… seguirán sufriendo las mil y una formas de humillación, acoso sexual o violación que sufrieron durante su huida. Chicas universitarias, empleadas, amas de casa o estudiantes se han convertido en simples refugiadas, término con una tremenda carga negativa que además les borra la identidad y el estatus social que ostentaban. En Turquía, uno de los principales responsables de su tragedia, los sirios tampoco son bienvenidos. Nadie quiere a los pobres.
 

De casi 2 millones de refugiados sirios en Turquía, sólo unos 220.000 están alojados en los campos de refugio, recibiendo alguna ayuda. El resto se han tenido que buscar la vida alquilando chozas, graneros y pisos patera por precios que se han disparado y estrangulan la economía personal de los refugiados. Es aquí donde los mercaderes de ‘carne fresca de mujer’ aparecen: ofrecen alojamiento gratuito a las cabezas de familia a cambio de sexo o piden una hija a los padres insolventes como pago por adelantado del alquiler de un año. Que estos hombres no sepan árabe para comunicarse con estas mujeres no es ningún problema: nadie pide a un violador que sepa idiomas. 
 

Kuma significa co-esposa

 
El tradicional oficio femenino de ‘casamentera’ en Turquía hoy es cosa de hombres en la frontera con Siria. A cambio de una comisión, ponen en contacto a los solicitantes con las solicitadas. Los ‘novios’ de 50 o 60 años, que juran ser ricos, solteros o viudos sin hijos, buscan hijas de familias pobres y numerosas, madres abandonadas o viudas cuya edad no supere los 22-23 años. Los ‘tutores’ cobrarán unos 1.000 euros por entregarlas en matrimonio. Siendo tan baratas, hay hombre que ya tienen hasta tres esposas sirias hacinadas en la misma vivienda. Sus bodas religiosas también serán una farsa, ya que ellas, que huyeron con lo puesto, carecen de carné de identidad y ellos, por seguir casados, no pueden registrar la unión de forma legal. Por lo que las segundas ‘esposas’ carecerán de todos los derechos legales de la cónyuge. Una vez en el nido de amor forzado, las novias se encontrarán sin fortuna, con la existencia de otra mujer y media docena de hijos. ¿Y ahora qué? Unas se resignan, otras piden el divorcio y las más valientes se quedan con las joyas que la tradición manda regalar a la muchacha y se escapan.
 

Cientos de niñas refugiadas sirias de entre 12-13 años ya son madres. Desde el 2011 se ha registrado el nacimiento de unos 70.000 bebés de esta nacionalidad en Turquía. Tenebroso panorama para las niñas-madres y sus hijos. Otras compatriotas alquilan su cuerpo por las calles turcas por unos 5 euros, o recurren a la mendicidad cuando cae la noche y pueden ocultar su rostro de vergüenza para dar de comer a sus hijos o sus nietos. ¿Existe algún instrumento para medir el dolor?
 

Las mujeres turcas y kurdas ‘legales’ también son víctimas de esta guerra: humilladas por sus maridos que han traído una mujer a casa, siempre más bella y más joven, amenazan con suicidarse o caen en depresión, sin tener a donde ir. El hogar de la poligamia es un infierno: cuenta la Biblia cómo Abraham —el patriarca de los judíos y los musulmanes— harto de las peleas y discusiones en el hogar entre sus dos mujeres, decidió abandonar a su segunda esposa Hagar y a su hijo en el desierto, para dejarles morir de sed y de hambre. ¡Y se le sigue respetando como profeta!
 

El hecho de que ninguna comunidad pueda soportar tanta tensión e inestabilidad constante, es el principal motivo por el que la mayoría de los hombres musulmanes optan por la monogamia.

 

Islam y ‘cónyuges múltiples’

 
“Un buen musulmán debe proteger a las mujeres desamparadas”, afirman aquellos que justifican la poligamia masculina como obra benéfica. Pero, ¿por qué hay que meterse literalmente en el lecho de una persona para ayudarla?
 

El Corán menciona la poliginia sólo en un versículo: “Si teméis no ser equitativos con los huérfanos, entonces, casaos con las mujeres que os gusten: dos, tres o cuatro. Pero si teméis no obrar con justicia, entonces con una sola o con vuestras esclavas. Así, evitaréis mejor el obrar mal” (4:3).
 

Los defensores de este dictamen cuentan que dicha práctica surgió para paliar  el desequilibrio demográfico y una supuesta superioridad numérica de las mujeres frente a los hombres, que morían en las guerras o eran objeto de comercio de esclavos. Pero, ¿permitirían las autoridades religiosas que en Xinjiang —región de mayoría musulmana china donde el número de hombres es mayor que las mujeres—, una musulmana tenga varios esposos? 
 

Por otro lado, es cierto que la primera esposa, humillada, tiene derecho a solicitar el divorcio —en teoría—, pero no suele hacerlo, ya que de forma automática y según manda la Sharia, será separada de sus hijos, ya que siempre pertenecerán al padre. Además, ¿cómo podrá volver a organizar su vida sin trabajo y sin una formación mínima demandada por el mercado? Parece que todo está organizado a milímetro para que nada se escape del control absoluto del hombre.
 

Las feministas islámicas juran que el Corán, al condicionar al hombre para tener un trato equitativo con ellas, imposibilita el ejercicio de la poliginia, puesto que él siempre tendrá  una ‘favorita’. Pero, ¿por qué dios no prohibió abiertamente este tipo de uniones como lo ha hecho con el adulterio o la poliandria y ahorrar así tanta confusión y tanto sufrimiento a sus criaturas?
 

Las fuerzas progresistas musulmanas en vez de justificar estas normas pertenecientes a siglos y a sociedades y territorios determinados, deberían apostar por la separación de la religión del Estado, así como adaptar sus preceptos a los nuevos tiempos. Saben que, en este caso, el texto sagrado limita el número de esposas a cuatro: la lengua árabe de entonces carecía de signos gramaticales y para no alargar la frase, dejó la cifra en cuatro. La prueba de ello es que el propio profeta Mahoma tuvo al menos once esposas reconocidas simultáneamente.
 

La poliginia no es una cultura, es el fruto del arcaico sistema patriarcal, el injusto reparto de los recursos, el poder económico y legal del hombre, del apartheid sexual contra la mujer, de las crueles guerras que las lanzan al agujero negro de la desesperación y las fuerzan a buscar un techo y un trozo de pan.
 

El drama descrito aquí, forma parte de los daños colaterales de otra guerra imperialista. 


Extraído de aquí.

miércoles, 3 de febrero de 2016

«La normalización del fascismo en Europa ante la llegada de refugiados» -Marina Albiol









Cuando aún no nos habíamos recuperado del sentimiento – mezcla de rabia, asco y vergüenza- que nos había producido el conocer la nueva ley danesa en matera de asilo que, entre otras muchas barbaridades permitirá a la Policía registrar a los y las demandantes de asilo e incautarles sus bienes, ha aparecido la nueva propuesta de la Unión Europea, que contempla penalizar la ayuda a los refugiados y refugiadas. Una nueva normativa según la cual aquellas personas que presten ayuda a refugiados, ya sea de manera individual o en el marco de las ONG, pueden ser acusadas de tráfico de seres humanos. Esto es un nuevo intento de criminalización de la solidaridad.




Todo es más grave todavía cuando recordamos el testimonio, hace pocas semanas, de un voluntario de una ONG que participó en el rescate de una embarcación que se dirigía a Lesbos. Había 300 personas a bordo de esta barcaza de madera que terminó naufragando. El voluntario de Proactiva declaró que mientras miembros de diferentes organizaciones salvaban vidas junto con pescadores turcos y griegos, el personal de la agencia europea Frontex miraba desde la cubierta de un barco.



Las instituciones europeas no están dando respuesta a la crisis humanitaria y además impiden que las ONG puedan hacer el trabajo que estas mismas instituciones no hacen por dejación de sus funciones.
La incapacidad, o peor todavía, la falta de voluntad política de la UE y los gobiernos de los Estados miembros de poner en práctica políticas y recursos para afrontar esta crisis, pone de manifiesto que la Unión Europea no es más que un proyecto económico de una élite, ni más que un conglomerado de instituciones que sólo responden a los intereses del capital financiero. La UE de los derechos y las libertades, de la libre circulación, de la solidaridad, nunca ha sido una realidad y la cifra de más de cien personas ahogadas en el Mediterráneo intentando llegar a nuestras costas durante el primer mes de este año es la demostración más cruel.



Ante esto, la única propuesta europea que hemos visto hasta la fecha es la que hace la Comisión Europea de acoger a 160.000 personas. Es un número claramente insuficiente si tenemos en cuenta que el año pasado llegaron sólo a Grecia más de 850.000 personas. Y está muy lejos de la capacidad real de acogida que tiene la UE, ya que no representa ni el 0.03% de la población total de la Unión. Pero ni con eso han cumplido. A día de hoy sólo se ha acogido a 272 personas -16 de ellas en el Estado español-, una cifra irrisoria.



Las propuestas de la Comisión Europea que sí se están aplicando con eficiencia y rapidez son las de militarizar el Mediterráneo en colaboración con la OTAN, desplegando buques y aviones de guerra para frenar la llegada de migrantes y refugiados. También la externalización de las fronteras, con acuerdos con gobiernos como los de Turquía o Marruecos, poco amigos de los derechos humanos. En el caso de la Turquía de Erdogan, la UE ha puesto sobre la mesa más de 3.000 millones de euros para contener el flujo de refugiados y demandantes de asilo. Y mientras, la CE mira hacia otro lado ante las masacres a la población kurda.



Después está el fondo de 1.800 millones de euros concedidos a África. Una aportación que, disfrazada de cooperación al desarrollo, servirá para fines como, por ejemplo, la construcción de un centro de detención de migrantes en Níger, el país más pobre del mundo.  El Estado español, en un gran alarde de generosidad, ha aportado a este fondo tres millones de euros.



Resulta paradójico que la misma UE que se construyó tras vencer al nazismo sea hoy el caldo de cultivo perfecto para los movimientos de extrema derecha. En los últimos días estamos viendo como se multiplican las manifestaciones fascistas en Alemania, Grecia, o Suecia. Estas demostraciones de odio vienen alentadas por los discursos que salen de las bancadas que ocupan socialdemócratas, conservadores y liberales en los parlamentos de los Estados y de la propia Eurocámara.



Unos lo hacen de manera absolutamente desvergonzada pidiendo el cierre total de nuestras fronteras, hablando de avalanchas, de la islamización de Europa y relacionando terrorismo y refugiados. Otros lo hacen de manera mucho más sutil defendiendo el refuerzo de nuestras fronteras, su externalización y las deportaciones sistemáticas.



Pero la extrema derecha está de acuerdo con conservadores, liberales y socialdemócratas en olvidar las obligaciones internacionales con aquellas personas que huyen de la guerra y el terror, y olvidar también la responsabilidad que Europa tiene sobre estas personas al haber colaborado de manera activa en los conflictos de los que huyen.



La semana pasada en el Parlamento Europeo tuvimos que soportar una comparecencia de la ministra danesa de Migración en la que habló de una supuesta “invasión” de refugiados, al tiempo que defendía su nueva ley. La normativa que acaba de aprobar el Parlamento de Dinamarca va a impedir en la práctica que los demandantes de asilo puedan ser acogidos, gracias a cosas como la ampliación de uno a tres años del tiempo de residencia necesario para poder solicitar reunificación familiar, o a que la obtención del permiso de residencia permanente requiera haber pasado un mínimo de seis años en el país encadenando permisos temporales y sin estar desempleado. En Dinamarca, los demandantes de asilo también estarán obligados a residir en centros específicos y tendrán que pagar por su estancia entregando sus objetos de valor.



Como suele ocurrir en la Eurocámara, esta ley ha sido aprobada en el Parlamento danés por la Gran Coalición que forman conservadores, liberales y socialdemócratas, que en este caso han contado además con la complicidad de una extrema derecha que está viendo cómo sus ideas forman parte cada vez más de los discursos habituales.



Lo más lamentable es que este no es el primer episodio de xenofobia institucional que presenciamos en la UE. Ahí está el uso del Ejército en Hungría para contener a migrantes y refugiados y su posterior hacinamiento en trenes con destino a ninguna parte. Hungría, un país donde el presidente Orban es de la misma familia política que Rajoy y participó junto a él en la conferencia del Partido Popular Europeo en Madrid. O las marcas con números de identificación en los brazos de migrantes en República Checa, con un primer ministro del partido referente del PSOE.



La extrema derecha ha perdido su exclusividad en cuanto a racismo y xenofobia, y los gobiernos de diferentes Estados europeos han asumido como propio un discurso que hace años hubiera resultado inasumible. La UE vuelve a demostrar que cada vez está más lejos que los valores de democracia y solidaridad que pregona.



Marina Albiol

Eurodiputada de Izquierda Unida y portavoz de la Delegación de la Izquierda Plural en el Parlamento Europeo








lunes, 11 de enero de 2016

Refugiados: los nuevos desaparecidos del mundo

 
 

 
El poder de borrado mediático es la contrapartida necesaria de su capacidad para construir agendas públicas, esto es, su posibilidad efectiva de establecer asuntos considerados de relevancia colectiva. En el tráfago informativo, el tratamiento dominante de la problemática de los refugiados -que puede interpretarse de forma crítica como nueva crisis de humanidad- no sólo se ha reducido en términos cuantitativos sino que ha perdido buena parte de la relevancia que los medios masivos le asignaron tan sólo seis meses atrás.

 
El balance de muertos es lapidario: según estimaciones –con márgenes de error significativos-, en 2014 más de 3500 personas han fallecido en su odisea para arribar a Europa (1), mientras que en 2015 la cifra se eleva a más de 3600 personas (2). Las escasas estadísticas al respecto apenas dan cuenta de la magnitud del desastre. No sólo porque muchos quedarán sepultados en el cementerio del Mediterráneo sin que nadie pueda atestiguarlo, sino porque tampoco da cuenta de los que logran sobrevivir en condiciones paupérrimas, incluyendo buena parte de los que arriban a Europa (y en 2015 se trata de más de un millón de seres humanos). Lo que es peor: pone en evidencia que la Comisión Europea (CE) no ha tomando las medidas pertinentes para reducir de forma significativa este silencioso holocausto -que contabiliza decenas de miles de muertos anónimos en las últimas dos décadas- ni ha asumido su cuota específica de responsabilidad en la producción de diásporas a gran escala. 
 

La creciente invisibilización de este drama colectivo, ocasionado especialmente por las guerras en Medio Oriente y el Norte de África, es correlativa a la carencia de respuestas aceptables por parte de la CE, incluso si Alemania, a nivel individual, ha acogido en 2015 a poco menos de un millón de personas en condición de solicitantes de asilo. El fracaso absoluto del plan europeo para reasentar a 160.000 solicitantes de asilo (apenas un 3% del total de refugiados sirios [3]), en todo el territorio comunitario, muestra la nula prioridad político-gubernamental ante una realidad sangrante de la que las políticas europeas son co-responsables.
 

La disminución de la presión colectiva, junto a la agitación del miedo por parte de los discursos eurocéntricos e islamófobos que usan los atentados terroristas como arma arrojadiza, favorecen la postergación indefinida de medidas de acogida a estos colectivos, considerados en el mejor de los casos como objetos de caridad y, en el peor, como material descartable. La postergación de lo impostergable en términos éticos y políticos pone en jaque la credibilidad –ya de por sí erosionada- de la CE en su autoproclamado liderazgo en materia de derechos humanos. Ante la sucesión de decisiones supuestamente fallidas cabe interrogar, sin embargo, si se trata sólo de una gestión deficitaria de una problemática considerada de primer orden o, si por el contrario, se trata más bien de una gestión efectiva de una problemática considerada de baja prioridad. La respuesta es clara: la celeridad con que Europa blinda sus fronteras contrasta con la lentitud para mejorar los accesos a quienes aspiran a solicitar asilo y, lo que no deja de ser más perentorio, no perecer en el intento.
 

A pesar de la sangría recurrente que sigue produciéndose en el Mediterráneo y de la vergüenza de seguir permitiéndolo, las autoridades europeas todavía no han puesto en marcha ningún programa de salvamento marítimo que evite lo evitable (4). Como es sabido, agencias como Frontex u otras que la sustituirán, tal como la nueva Guardia Europea de Costas y Fronteras (5), no tienen como objetivo primario el rescate de personas en situación de emergencia sino la custodia policial de las fronteras externas de Europa.
 

La conclusión es lamentable: mientras sigue bloqueada la ayuda real a las personas que se desplazan de manera forzosa para preservar sus vidas, quienes lideran el espacio comunitario no dudan en desbloquear partidas destinadas a la “contención” externa de esos desplazamientos (apelando especialmente a países como Turquía) o en tomar nuevas iniciativas securitarias destinadas a proteger el espacio de “libre circulación” de Schengen (6). 
 

Ninguna declaración bienintencionada puede contrarrestar semejante conclusión como no sea activando una política de asilo europea consistente, de signo diferenciado, elaborada y apoyada por fuerzas políticas emergentes a nivel nacional e internacional. La falta de prioridad que los gobiernos europeos le dan a esta catástrofe social no sólo es una incitación a reflexionar sobre las consecuencias prácticas de este abandono: es un toque de alarma sobre el andamiaje que la CE sigue construyendo de forma tan imperturbable como cínica. Es ese andamiaje el que presagia su propio hundimiento, al menos en la medida en que el bienestar no quede confinado a unas élites desconectadas de las mayorías sociales.
 

No serán aquellos que deniegan asistencia a esos cientos de miles de personas los que cambiarán esta catástrofe. La contracara del ultraliberalismo del capital –que circula de forma irrestricta a nivel mundial- no es otra que esta forma de totalitarismo que atenaza a sus víctimas, allí donde cada vida importa menos que la custodia del océano donde naufraga.
 

Ante esta coyuntura histórica -que supone un rédito más político que económico a corto plazo para quienes la propician-, surgen algunas preguntas previsibles. ¿Qué hay del miedo primitivo a ser devorados por “la turba” o del miedo contemporáneo al terrorismo? ¿Qué tipo de ceguera opera cuando se supone que no llegarán a Europa las esquirlas (humanas) de ese polvorín llamado Medio Oriente? Las respuestas son complejas, pero habría que apresurarse a desmontar la lógica misma de las preguntas. El “miedo” no es ante el Otro sino ante la propia derecha europea, ávida de capitalizar cualquier descontento social a partir de un discurso xenófobo y racista. Rechazo sin miedo entonces. El otro que sobrevive a duras penas no da miedo ante todo porque está inerme. Literalmente. Por tanto, lo que atemoriza a la amplia mayoría de los gobiernos europeos es la impugnación de sus partidos aliados, la rebelión en sus filas y la pérdida de apoyo del establishment mediático, comprometidos como están con un proyecto político neoconservador que ni siquiera aboga por rescatar a sus conciudadanos.
 

La “turba”, por lo demás, no sólo no naufraga: está a varias bandas, en diferentes trincheras, alineada a los señores de la guerra, comenzando por las grandes potencias coloniales o sus aliados estratégicos de Medio Oriente, comenzando por Arabia Saudí. No sólo no hay razones suficientes para suponer que el terrorismo (yihadista) es una amenaza meramente externa, sino que en cualquier caso no hay ninguna prueba de que el camino elegido para arribar a Europa sea la de la zozobra del océano o las penurias del éxodo. Por el contrario, cuando se trata efectivamente de “extranjeros” y no de “nacionales”, cabe suponer que disponen de medios considerablemente más eficaces para “filtrarse” en Europa. Incluso si no cabe al respecto ninguna ingenuidad, los mismos mecanismos selectivos previstos para reasentar y atender las solicitudes de asilo resultan suficientes para conjurar el fantasma terrorista que algunos discursos pretenden soldar a esta masa ingente de refugiados.
 

Por otra parte, resulta inverosímil suponer que los miembros de la CE son “ciegos” ante una suerte de “retorno de lo reprimido” que, imprevisiblemente, puede aparecer bajo diferentes rostros de lo terrible. Los tibios intentos de responder a la cuestión -que apuntan a descomprimir semejante situación explosiva- se topan así con los compromisos en los que de facto estos miembros se han embarcado. La misma preocupación por blindar sus fronteras y la institucionalización del estado policial –bajo la forma de «estado de seguridad» (7)- ya es indicativa de esta anticipación que opera, ante todo, como incremento del control policial sobre la ciudadanía.
 

En suma, la CE está entrampada en su giro hacia la derecha. Cualquier intento de desbloquear la crisis de refugiados choca, ante todo, con el muro blanco que sus estados miembro han levantado junto a sus “socios de gobierno”. No se trata, así, de ceguera ante una situación que podría volverse contra sí como un boomerang, sino de falta de voluntad política. Es la actual correlación de fuerzas políticas lo que determina este bloqueo, reforzado por la posición minoritaria de la izquierda parlamentaria europea y una presión colectiva tan esporádica como insuficiente. Sólo un cambio significativo en esa correlación de fuerzas podría no tanto acelerar la “gestión de la crisis” como dar lugar a otras políticas de asilo -mucho más acordes al respeto incondicional de los derechos humanos fundamentales, independientemente a la etnia, género, nacionalidad o grupo social. En términos más generales, intentar detener los desplazamientos poblacionales sin apostar por una transformación estructural de las condiciones socioeconómicas, políticas y militares que los producen (comenzando por las guerras o las hambrunas) es, cuando mínimo, una forma de evadir cualquier tentativa de solución duradera.
 

Mientras la CE se hunde en su propia trampa, los refugiados –esos nuevos desaparecidos del siglo XXI- seguirán recorriendo Europa como un fantasma que recuerda la ignominia de los vivos.



Arturo Borra
 
 

(1)     “Ese gran cementerio que es el Mediterráneo: más de 20 mil muertos en los últimos años”, versión electrónica en http://legalteam.es/lt/ese-gran-cementerio-que-es-el-mediterraneo-mas-de-20-mil-muertos-en-los-ultimos-anos/#

(2)     “La llegada de migrantes irregulares a Europa supera el millón en 2015”, “El País”, 23/12/2015, http://internacional.elpais.com/internacional/2015/12/22/actualidad/1450781597_385081.html. La referencia a “migrantes irregulares” por  buena parte de la prensa española justifica un estudio exhaustivo sobre la construcción discursiva de las migraciones a nivel nacional, incluyendo la indistinción generalizada entre “inmigrantes” y “refugiados” que omite sin más el carácter forzado del desplazamiento en el segundo caso.

(3)     Remito a “Sobre la «crisis de los refugiados» o la vida en peligro”, “Rebelión”, 18/09/2015, versión electrónica en http://www.rebelion.org/noticia.php?id=203445.

(4)     “Las medidas sobre la crisis de los refugiados que la UE discutirá en 2016”, “El Diario”, 301/2016, versión electrónica en http://www.eldiario.es/desalambre/medidas-ponerse-marcha-crisis-refugiados_0_468253769.html

(5)     “La UE planea una nueva guardia fronteriza para frenar la inmigración”, “Público”, 15/12/2015, versión electrónica en http://www.publico.es/internacional/ue-planea-nueva-guardia-fronteriza.html. Para poner en marcha esta guardia, la CE prevé triplicar el presupuesto de aquí a 2020, dotándola asimismo de mayores poderes de intervención.

(6)     “Bruselas propone el envío de guardias europeos a las fronteras sin permiso previo de los estados”, “El Diario”, 15/12/2015, versión electrónica en http://www.eldiario.es/desalambre/Bruselas-propone-creacion-europea-fronteras_0_463004553.html

(7)     Giorgio Agamben, “Del Estado de derecho al Estado de seguridad”, “Le Monde”, 23/12/2015, versión electrónica en http://artilleriainmanente.blogspot.com.ar/2015/12/giorgio-agamben-del-estado-de-derecho.html?spref=fb. Agamben identifica algunos rasgos de ese estado de seguridad: “Mantenimiento de un estado de miedo generalizado, despolitización de los ciudadanos, renuncia a toda certeza del derecho: éstas son tres características del Estado de seguridad, que son suficientes para inquietar a las mentes. Pues esto significa, por un lado, que el Estado de seguridad en el que estamos deslizándonos hace lo contrario de lo que promete, puesto que —si seguridad quiere decir ausencia de cuidado (sine cura)— mantiene, en cambio, el miedo y el terror. El Estado de seguridad es, por otro lado, un Estado policíaco, ya que el eclipse del poder judicial generaliza el margen discrecional de la policía, la cual, en un estado de emergencia devenido normal, actúa cada vez más como soberano” (op.cit.).